Sin QR ni pantallas, este espacio propone intercambiar mensajes manuscritos, usar sobres y sellos postales, y recuperar el ritmo pausado de los vínculos presenciales y cotidianos.
En una época marcada por la inmediatez y donde la comunicación se traduce en emojis, mensajitos y audios de Whatsapp, abrió en Retiro un espacio que propone exactamente lo contrario: frenar, sentarse, escribir a mano y enviar una carta.
Se trata de Posdata, el primer “café postal” del país, una idea que surgió en Seúl (Nuldam Space) y también tuvo su réplica en París (Café Pli) pero que en la Argentina tiene un plus: el local funciona como unidad postal oficial del Correo Argentino.
Una infancia en la estación de tren de Venado Tuerto
El proyecto nació de la mano de Carolina Barone, una santafesina de 39 años, nieta e hija de ferroviarios, criada entre estaciones de tren donde el correo y la paquetería eran parte de la vida cotidiana.
“Mi abuelo era jefe de la estación de tren de Venado Tuerto y como toda estación de tren funcionaba también con envío de paquetería y de cartas. Desde muy chica el mundo postal formó parte de mi historia. Después, como muchas niñas de mi generación, también coleccioné papel de carta”, recordó en diálogo con TN
La idea de abrir una cafetería venía gestándose desde hacía tiempo para Carolina, una politóloga que buscaba un nuevo rumbo tras más de 20 años trabajando en política local y nacional y que se había cansado de la pérdida de códigos y del “todo vale”.
Un día, entró en una librería y se topó con la tapa del libro Mis tardes en el pequeño café de Tokio: en la imagen, una mujer escribe una carta en una mesa, con una taza humeante en la mano. Fue como una revelación: “Eso es lo que quiero”, pensó la santafesina.
Carolina quería algo distinto, que la hiciera sobresalir en medio del boom de cafeterías de especialidad. En un contexto atravesado por “lo descartable, la inteligencia artificial y la comunicación instantánea”, su propuesta fue clara: invitar a “una pausa en una ciudad tan dinámica, con tanta velocidad como Buenos Aires”, a ahondar en “la nostalgia de conectar con el papel, con lo tangible, con lo real, con el tiempo que significa construir vínculos”.
“La carta simboliza eso: el proceso, la madurez, el tiempo. Hay cosas importantes que no se resuelven en un WhatsApp”, manifestó.
Escribir cartas es un acto profundo de conexión y reflexión, un arte que permite ordenar pensamientos, expresar emociones de forma única. También un acto de descubrimiento: a veces, uno no sabe realmente lo que piensa hasta ponerlo en palabras.
Muchas veces las cartas son para una misma, no hace falta enviarlas, muchas veces escribimos para sanar, muchas veces escribimos para despedirnos, muchas veces escribimos cartas para contar algo. Yo quería volver a proponer esto”, sostuvo Barone.
¿La primera carta que Carolina escribió en su local? “Fue para mí misma y la tengo guardada. Me felicité en primer lugar, me dije ‘trabajaste mucho para este momento, vamos que lo lograste’, me dije que me quería mucho y que siga adelante”, contó.